Él es Severino el pingüino, que viene de la Antártida y ha llegado a Madrid para conocer su historia desde el año 1851.¿Gloria Victoribus? ¿Pero eso es en castellano? Severino ha llegado a la capital y se siente muy confundido…
Echa tanto de menos su hábitat que lo más parecido que ha encontrado al blanco del Ártico es la puerta de una discoteca.Además, el Monumento del Capitán Melgar le ha recordado a las grandes alturas, como la de los icebergs del norte.
El norte, allí donde abunda el agua y la sequía es inexistente, un panorama muy distinto al de la capital madrileña.Sin embargo, Severino se ha sorprendido con la fusión entre arte e historia que presenta Madrid.Después de un paseo por la ciudad, ha aprovechado para tomar el Sol, algo que no puede hacer en su gélido hogar.Y para acabar el día de ruta, Severino hace amigos y… ¡se une a los chulapos y terminan bailando un chotis!