Millones de personas son usuarios diarios de Internet. Sin embargo, este espacio digital tiene una letra pequeña, el lado oscuro del que todo el mundo hace caso omiso -bien por desconocimiento o por vagueza-, pero que es la esencia y donde se contemplan los límites de nuestros derechos: la aceptación de las condiciones legales cuando los registramos en alguna red social.
¿Cuáles son nuestros límites constitucionales en el mundo virtual? Una pregunta que muchos se plantean pero muy pocos saben la respuesta. Y es que realmente los límites de nuestros derechos en el espacio cibernético lo ponemos cada individuo, pues solo nosotros somos los responsables y dueños en cuanto a la toma de decisiones de derechos tan importantes e innatos como el del honor, intimidad y la propia imagen recogidos en el artículo 20.4 de la Constitución Española.
Tras haber realizado diferentes entrevistas a pie de calle y una vez recopilados varios totales, se ha comprobado que, en general, los usuarios conocen muy vagamente los riesgos que corren al ceder sus derechos cuando acceden a una red social o simplemente a lo que se exponen cuando comparten en su perfil una publicación de otra persona.
Está claro que todas las personas tienen derecho a la libertad de expresión y elección, siempre y cuando esto no perjudique a terceros en cuanto a su intimidad, honor y la propia imagen.