En una sociedad tan inestable y cambiante donde todas las personas estamos hiperconectadas, hace que no seamos todo lo críticos que deberíamos ser en cuanto a los peligros de las nuevas tecnologías. Las redes sociales, una de las muchas posibilidades de comunicación que ofrece internet, pueden ser un arma de doble filo si se hace un mal uso de ellas.
A veces, en el mundo virtual, es conveniente –e incluso necesario- ser precavidos y desconfiar, en cierta medida, de la persona que está al otro lado de la pantalla porque nunca vamos a tener la certeza de que es quien dice ser. Por ello, más vale prevenir que lamentar.
Cada vez son más comunes conceptos como el ciberbullying –acoso virtual- o la sextorsión –forma de explotación sexual en la que una persona es chantajeada con fotos o vídeos suyos desnuda o semidesnuda-. Estas prácticas son la consecuencia del mal uso o la poca responsabilidad que tienen las personas, generalmente jóvenes, al acceder a una red social.
Lo que muy pocos saben es que cuando alguien se crea una cuenta en cualquier red social y se aceptan los términos y condiciones –los cuales absolutamente nadie lee-, se están cediendo multitud de derechos individuales a la plataforma, perdiendo en ese mismo instante el control sobre tus datos personales y desconociendo lo que pueden llegar a hacer con ellos. Tal es el poder de poseer todos estos datos privados que las redes sociales más asiduas como Facebook e Instagram nos conocen mejor que nosotros mismos, recogiendo millones de datos de nuestra actividad, desde la hora exacta en la que más tiempo empleamos en esa red social, hasta el número de veces que nos metemos para ‘cotillear’ el perfil de alguien. Con todos estos datos y algoritmos, la herramienta los procesa y nos sugiere, en muchas ocasiones, los perfiles que podemos conocer según nuestra afinidad o intereses.
Otras prácticas más ligadas al ámbito (des)informativo, son las fake news o noticias falsificadas, que a menudo se difunden y viralizan haciendo creer a los usuarios un suceso muy distinto a la realidad, con intención de manipular y engañar a la opinión pública.
Estos son varios de los muchos motivos por los que las redes sociales, además de ser una revolución a nivel comunicativo y relacional ofreciendo numerosas ventajas en los países desarrollados, debería existir una supervisión que investigue y sancione este tipo de prácticas, así como el control de los datos que almacenan estos imperios de internet, quién sabe para qué finalidad.
Lo que está claro es que las redes sociales han llegado para quedarse. Es tan clara la evidencia que lo primero que hacemos al levantarnos y lo último al acostarnos es acceder a ellas. Sobre la mesa está el uso que queramos darle: verlas como un enemigo o un aliado está en nuestras manos.